Introducción

La salud es el estado en el que los aspectos orgánicos, psicológicos, sofrológicos y emocionales del ser humano se encuentran en armonía. Por lo tanto, cuando existe un desajuste o desarmonía en ellos, se presenta una enfermedad. El sistema de diagnóstico que utilizan las escuelas médicas más conocidas, como la alópata, la homeopática, la herbolaria y la acupuntura generalmente se lleva a cabo por medio de un proceso analítico basado en los síntomas del paciente, en donde muy pocas veces se toma en cuenta el origen o la etiología de la enfermedad.

Para realizar un diagnóstico, generalmente el médico se apoya en estudios de laboratorio y gabinete, realizados con tecnología de punta, los cuales remiten a la etapa actual de la patología, sin explicar las causas que dieron origen a la enfermedad, cuando en realidad entender el fenómeno en toda su extensión es de vital importancia para lograr una curación más eficiente. Y ahí es donde el biomagnetismo adquiere su papel protagonista.

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El biomagnetismo es una terapia que emplea imanes de mediana intensidad para regular las funciones del cuerpo. No es ninguna novedad el saber que aparte de este cuerpo físico que tenemos, nos rodea un cuerpo energético (o eléctrico si así le queremos llamar) que activa las funciones de los órganos. Esto lo entendieron muy bien a fondo los chinos, los hindúes, los aztecas (los mayas también sabían de esta circunstancia).

El hombre ha vivido con la enfermedad desde el principio de los tiempos y siempre le ha preocupado saber porqué se produce la enfermedad y, por supuesto, cómo tratarla. En los pueblos primitivos, la enfermedad tiene un carácter mágico y religioso y, por tanto, tanto el diagnóstico, tratamiento también se debe a ritos. Está de moda la posesión, el susto, el mal de ojo,, se creen todas estas cosas. En la antigua Grecia, en el año 450 a. C., aparece un médico que comienza cambia la historia, quería Hipócrates. Presenta la teoría humoral, la teoría de los cuatro humores, que nos dice que estamos constituidos por cuatro sustancias: la bilis amarilla, la bilis negra, la sangre y la flema. Nos dice también que es la falta de armonía entre esos cuatro humores lo que nos da la enfermedad.  Y esa teoría de Hipócrates dura 2300 años, aproximadamente, hasta la mitad del siglo XIX.  De una manera o de otra, todos los médicos y la gente admite que son  las disarmonía que se producen dentro del cuerpo las causantes de las enfermedades.

bacterias-biomagnetismoPero a mediados del siglo XIX pasan cosas muy curiosas y hay una discusión muy grande. Y todo ello a raíz de que se descubre el microscopio. Y este descubrimiento fue algo que cambiaría absolutamente todo. El microscopio iría poco a poco desarrollándose hasta el descubrimiento de las bacterias, pero todos los estudios se hacen con muestras sin fijar, es decir, en vivo. Al mismo tiempo  que Gaudí empezaba la construcción de la Sagrada Familia en Barcelona,  Luis Pasteur, en ese mismo año, ingresaba en la Academia Nacional de las Ciencias de Francia por su teoría germinal de las enfermedades infecciosas  y es el primero que le da totalmente la vuelta a las teorías existentes.

Viene a decirnos que las enfermedades no vienen de dentro, qque son microorganismos patógenos procedentes de fuera los que nos invaden y los que nos provocan una serie de enfermedades. El problema es que Luis Pasteur no era biólogo, no era médico, no era farmacéutico, había sido un estudiante medio regular: la primera vez que se va a estudiar a Paris fracasa y tiene que volver a su pueblo  y la segunda  vez que lo intenta sí consigue graduarse, aunque con unas calificaciones mediocres, en Químicas. Pero era una persona muy hábil en sus relaciones con la nobleza y con el poder de la época, así que se casa con la hija del rector de la Universidad de Estrasburgo y es nombrado profesor de Química en esa misma universidad, donde coincide con Antoine Bechamps.

hace una serie de estudios sobre la fermentación del vino, entre otros elementos. Crea la teoría germinal de las enfermedades infecciosas y se enfrenta a todos los científicos  de su época. Consigue de alguna manera que su teoría sea admitida universalmente y que hoy en día sea la base de la medicina moderna. El problema es que uno de sus cohetáneos, Claude Bernard, ya en su lecho de muerte dijo que el microorganismo no es nada, el terreno lo es todo. Es decir, el terreno que permite que ese microorganismo exista  eso es lo importante. El oso polar lo mandamos al Caribe y nos dice que no. Necesita el polo Norte. Cada microorganismo necesita un terreno que le permite vivir.

Claude Bernard  Era catedrático de fisiología de la Universidad de París y lo cierto es que fue académico mucho antes que Pasteur y además murió tres años antes de que entrara Pasteur en la Academia porque realmente las discusiones que tenían entre los dos eran muy importantes al respecto. Igual que la mayoría de los profesionales de esta época. Quizás el mayor científico que hubo fue Antoine Dechamps.  fue realmente un gran investigador, un gran científico, fue el creador de la teoría del pleomorfismo y fue profesor de la Universidad de Estrasburgo. Ahí es donde dio una serie de charlas sobre la fermentación y donde Pasteur le oyó hablar de todos estos temas.

biomagnetismoEmpezó a estudiar todos  los microorganismos en vivo. Puso sangre viva en un microscopio y se dio cuenta de que a los dos o tres días aparecían otras partículas con vida mucho más pequeñitas que eran las que destruían estas células sanguíneas. nos venía decir, más o menos, que los microorganismos van madurando dependiendo del medio en el que se encuentren y llega un momento en el que se vuelven patógenos. Mandó un estudio a la Academia de las Ciencias de París  sobre cómo la tiza disuelta en agua dulce conseguía que ese azúcar se fermentara primero a alcohol y luego a ácido láctico, lo que quería decir que había mecanismos vivos en ella. Ese trozo de tiza que utilizó para este experimento tenía 11 millones de años. Y él decía que estos microorganismos eran indestructibles, que podían aguantar el calor, la radiación y todo el tiempo que fuera, y además era curioso porque cuando cogía tiza de laboratorio, carbonato cálcico puro, que no venía del yacimiento, entonces no se producía la fermentación del azúcar.

Rudolf Virchow, un alemán contemporáneo de la época de Bechamp y Pasteur, al que se considera un poco el padre de la Patología General y autor responsable de la Teoría de la Patología Celular. Intervino esta disputa entre los dos diciendo que los microorganismos patógenos no eran la causa de la enfermedad, sino la consecuencia de la misma. Es decir, en lo comparaba con que los mosquitos necesitan el agua estancada y putrefacta para que existan, pero no son la causa del agua estancada y putrefacta. Bien, llevaba razón, esos microorganismos no eran la causa de la enfermedad, sino la consecuencia de un terreno alterado.

Robert Koch fue Premio Nobel por descubrir el bacilo de la tuberculosis y padre de la microbiología moderna. el hizo cuatro postulados, que son ya clásicos, él decía qque una bacteria, un microorganismo patógeno, debía ser solamente aislado de animales enfermos y no de animales sanos,  que esos microorganismos tenían  que conseguir cultivarse en cultivos puros, que si se lo poníamos a un segundo animal este debía desarrollar la misma enfermedad y que además de este segundo animal, debía también  poder contenerse para cultivarlo en cultivos puros.  Se metió mucho con Pasteur, lo denunció por falsedad en la vacuna que había conseguido contra el carbuno. Parece ser que Pasteur adulteró esa vacuna para que esos carneros que estaban vacunados no adquirieran la enfermedad.

El problema es que este padre de la microbiología le dan el Premio Nobel en 1905  y en 1909, un año antes de su muerte, en la revista Lancet  sale publicado un artículo en el que se afirma que los postulados de Koch  se pueden aplicar rara vez o nunca. Y es cierto, porque si sabemos algo es que cuando hablamos bacterias hablamos sobre todo de portadores sanos,, es decir, gente que tiene esa bacteria pero que no manifiesta ninguna enfermedad. Koch tuvo entonces que retractarse el mismo del primer postulado.  En él según postulado, dice que hay que aislar estas bacterias en cultivos puros. Pero lo cierto es que puros, puros, no existen. Y el tercer postulado sería modificado por Virchow porque  no producía la misma enfermedad, sino síntomas parecidos.

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La verdad es que los trabajos de Bechamp estuvieron a punto de desaparecer. Tuvimos la suerte que este hombre vivió 92 años y que al final de sus días, un médico inglés, Leverson, consoguió enterarse de los trabajos de Bechamp y se fue con él. Se enteró de primera mano de todo el proceso. Y es que había quedado en el olvido frente a Pasteur. Entra en contacto con una escritora, Ethel Douglas Hume, que en 1926 saca un libro criticando la obra de Pasteur, que en los años 40 se traduciría en castellano bajo el título de El Sueño y la Mentira de Pasteur. Comenzaba así una importante contrarevolución, cuyo siguiente punto de inflexión tendría lugar en los años 70, con el advenimiento de los principios de la terapia magnética.

biomagnetismo-pasteur-bechampY este punto de inflexión nace del espacio exterior, tras el apogeo de la carrera espacial. Ya en 1958, el doctor Nakawaka había acuñado la expresión “Síndrome de deficiencia de campo magnético”. Richard P. Feynman, premio Nobel en Física de 1965, afirmó por su parte que “ahora nos damos cuenta de que el fenómeno de las interacciones bioquímicas y finalmente, la vida misma, tiene que ser entendido en términos de electromagnetismo”. la nasa comprendería años más tarde que al abandonar los astronautas el campo magnético de la Tierra, padecían la denominada “ebfernedad espacial”, caracterizado por el desarrollo de osteoporosis, deficiencias en el sistema inmune, etc.

Durante la década de los 70, el Dr. Richard Broeringmeyer estudió los efectos de la falta de gravedad y el magnetismo sobre los astronautas, lo que le condujo experimentar el equilibrar sus cuerpos con imanes. Pero habría que esperar a finales de la década de los 70 (hasta 1978, para ser exactos) para que la NASA reconociese oficialmente que la aplicación de energía magnética  no tenían un riesgo para la salud e incluso aceptaba su utilización de esta con fines terapéuticos. ¡Todo un hito! Nacía así el biomagnetismo, al mismo tiempo que de desarrollaban otras terapias alternativas con base científica, como la aromaterapia, la cristaloterapia, la colorterapia o la musicoterapia. Alternativas no por no por falta de rigor o eficacia, sino por oponerse a la dictatura de los cánones oficiales, que como bien hemos visto en este artículo no siempre son acertados. Te invitamos a leer nuestros artículos sobre terapia con biomagnetismo que iremos publicando periódicamente en esta página. ¡Esperamos que te haya picado la curiosidad con esta (poco breve) introducción!

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